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Roncar: ¿por qué lo hacemos?, ¿tiene solución?

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Roncar: ¿por qué lo hacemos?, ¿tiene solución?

El ronquido, mal de muchos y pesadilla de otros. Banda sonora por excelencia, internacional, y común a gran parte de los dormitorios que, en el mejor de los casos, despertará a quien los pronuncia, y en el peor, al vecino que vive en la pared colindante. Pero, ¿qué son los ronquidos más allá de una razón para dar un codazo al que duerme a tu lado?

Antes de explicar, conviene normalizar. Quién ronca, apenas se entera. Tal es así, que algunos estudios sitúan su prevalencia en el 65,5 % de la población mundial. Otros la cifran en un 17 %. Sin restar importancia a los datos, se puede decir que roncar es algo habitual: «Todo el mundo puede hacerlo en un momento dado. Los ronquidos suceden en el ser humano», explica el doctor Peter Baptista, especialista en Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello en la Clínica Universidad de Navarra, presidente de la comisión de Roncopatía y trastornos del sueño de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (Seorl-CCC) y experto en medicina del sueño. 

El ronquido es un sonido, una consecuencia, que se produce cuando el aire tiene dificultades para circular a través de la parte posterior de la boca y de la nariz. Cuando dormimos, los músculos del cuello tienden a relajarse. En ocasiones, la vía aérea superior se cierra parcialmente y estrecha el conducto por el que el aire llega a los pulmones. Esta zona es un punto de coincidencia entre la lengua con el paladar blando y la campanilla (úvula), y a raíz del estrechamiento, estas estructuras se chocan, derivando en una vibración que genera el conocido (y detestable) ronquido.

Para hablar de ellos, bien se puede imaginar un atasco en tus vías aéreas: «El ronquido significa una obstrucción parcial de la vía aérea junto a la flacidez de ciertos tejidos. Por ejemplo, si el aire no puede pasar a través de la nariz, y lo hace a través de la boca, el flujo hará que el paladar vibre generando el famoso ruido», indica el doctor Baptista. 

En ocasiones, el ronquido oculta algo peor. «Puede ir acompañado de algo más preocupante, que es la apnea obstructiva del sueño», señala el doctor. «Se trata de una obstrucción total o parcial de la vía aérea que casi siempre se produce con este sonidos. Puede perjudicar a nuestra salud», asegura el experto en Medicina del Sueño. ¿La razón? La falta de oxígeno en la sangre. «Cuando una persona tiene apnea, lo que sucede es que, al estar dormido y tratar de respirar, no logra que le entre el aire suficiente, lo que provoca que la sangre que le llega al corazón o al cerebro no tenga el oxígeno necesario». Una vez ocurre, el cuerpo alerta: «El organismo dice: “oye, no estás respirando, despiértate”, y el paciente lo hace sin darse cuenta. Se cambia de lado o emite un sonido de ahogamiento», explica. Y así, varias veces durante la misma noche. «La persona tiene microdespertares y ni se da cuenta», precisa el otorrinolaringólogo. 

La apnea obstructiva del sueño (síndrome de apnea obstructiva del sueño también conocido por sus siglas, SAOS, SAS o SAHS) es el trastorno respiratorio más común relacionado con el sueño. Si bien existen varios tipos de apnea, esta es la más numerosa y tiene tratamiento. Una opción consiste en el uso de un dispositivo que emplea presión positiva para mantener las vías respiratorias abiertas durante el sueño, otra propuesta es el empleo de una boquilla para empujar la mandíbula inferior hacia adelante, y en algunos casos, los expertos valoran una intervención quirúrgica. Los síntomas más frecuentes son: 

  • Ronquidos. 
  • Pausas de respiración prolongadas. 
  • Sueño no reparador. Sugerimos doce consejos para rebajar el estrés. 
  • Cansancio o fatiga diurna. 
  • Somnolencia. 
  • Dolor de cabeza o falta de concentración. 
  • Pérdidas de memoria. 

Pero ojo, porque este problema no solo es cuestión de un par de vueltas en la cama. Va más allá. «Si además del descanso, la apnea afecta a la oxigenación del corazón, la persona podrá tener problemas cardíacos. Mientras que si repercute al cerebro, se producirá dolor de cabeza al día siguiente, la pérdida de memoria a lo largo de la jornada o una sensación de cansancio continuo», advierte el experto, que añade: «Al sufrir varios microdespertares, nunca logra llegar a la fase más profunda del sueño. De ahí, la constante fatiga». Parece que los ojos no se cierran por casualidad. 

¿Significa esto que toda persona que ronque tiene apnea? «Para nada. Una cosa es el ronquido en sí, que afecta a un porcentaje muy alto de la población, y otra cosa es esta condición», indica. Por ello, cuando una persona ronque, mejor será investigar el porqué. 

La fisionomía importa. La estructura de la boca o de los senos paranasales pueden avivar la abundancia del ronquido. También un paladar más grueso de lo habitual, o una forma más alargada de la úvula pueden influir. Este suplicio, para el resto, pues la persona en sí no acostumbra enterarse, suele ocurrir en la fase más profunda del sueño. Toda una paradoja. En este momento, los músculos del paladar blando, la garganta y la lengua tienden a relajarse, bloqueando ligeramente las vías respiratorias. El ronquido está listo. Así, cuanto más profundo sea el sueño, peor. 

Un problema de hombres: lo sufren de dos a tres veces más que las mujeres

Este tipo de respiración llega, con mayor frecuencia, al descanso de los hombres, de personas con obesidad o sobrepeso, y crece a medida que aumentan las velas en la tarta de cumpleaños. En este sentido, son varios los factores que se han de tener en cuenta y varían en función del sexo.

La ganancia de peso entre varones es un factor que cobra importancia con la edad: «Si no se cuida y empieza a engordar, será un elemento que se sume al simple hecho de hacerse mayor. La grasa no solo se les acumula en la barriga, sino también a nivel del cuello, paladar y lengua, de ahí que sea más frecuente el ronquido entre hombres», detalle el doctor. Aunque, alerta, esto no vuelve inmunes a los que estén en normopeso (peso adecuado). 

Las mujeres roncan menos. Es un hecho que cobra vida, sobre todo, en la etapa que viven con la menstruación. «Ellas gozan de una protección frente al ronquido y a la apnea, especialmente hasta que llega la perimenopausia y menopausia», señala el profesional. A partir de este momento, el baile hormonal las hace equiparse al hombre en ronquidos. «Lo mismo ocurre con la enfermedad poliquística del ovario, por la alteración hormonal, o durante el embarazo, que además tendrá un aumento de peso», explica el experto. 

Al género, según el cual los hombres son de dos a tres veces más propensos a tener apnea, se añaden otros condicionantes externos como el alcohol y el tabaco. Al contrario de lo que se piensa, una copa de vino no te ayuda a conciliar el sueño. «Hay evidencia que lo apoya. Las bebidas alcohólicas producen una hipotonía muscular que hará que la persona ronque. Y, si además, le anexamos el cigarrillo será peor porque produce un estado inflamatorio en la persona», señala el experto en sueño. Una mezcla que califica de «cóctel explosivo para el ronquido»

Por su parte, existe una relación entre el tabaco y el ronquido, pues este hábito produce una inflamación de las vías respiratorias altas. De ahí, la recomendación generalizada de dejarlo. No solo esto, pues si se le suman ciertas patologías asociadas al tabaquismo, como el asma o el EPOC, la situación no hace más que empeorar. 

«Roncas igual que tu padre»

«Existe una predisposición genética influida por distintas variables más allá de la parte anatómica. Los hijos también heredamos cosas como la distribución corporal de la grasa o la estructura corporal. Además, también hay un factor hereditario en cómo nos despertamos o nos dormimos», precisa el investigador. Así que, si el padre ronca, el hijo tendrá más probabilidades de hacerlo. 

Lo mismo para el patrón del sueño. «El 40 % de la duración del descanso nocturno está medido por herencia. Y de igual manera, el insomnio. Si tenemos un padre con problemas para conciliar el sueño, el hijo tendrá entre un 25 y 45 % de probabilidades de padecerlo también», indica el doctor Peter Baptista. Eso sí, cierra la puerta a las vinculaciones directas: «Son factores difíciles de establecer, lo que sin duda es hereditario e influye en los ronquidos es la morfología craneofacial y la distribución de la grasa en nuestro cuerpo». 

Para dejar de roncar, el doctor lo tiene claro: «Si no tiene apnea, el bajar de peso le va a ayudar. De igual forma, los factores higiénicos como dejar de fumar y de beber también son válidos. Yo siempre les digo a mis pacientes que no voy a prohibir que beban, pero si lo hacen, deben saber que van a dormir peor y a tener más frecuencia de apnea. Sobre todo, si lo hacen en la tarde-noche», precisa Baptista.

La postura importa en el arte del dormir, y no solo para evitar dolores de cuello matutinos. «Los humanos somos los únicos mamíferos que dormimos boca arriba, porque tenemos una columna vertebral que nos permite hacerlo», explica el doctor Baptista, que continúa: «No obstante, cuando la persona tiene apnea obstructiva puede tener una predisposición a que en esta postura, es decir de cubito supino, tenga mayor frecuencia de ronquido, mientras que estando de lado o boca abajo, no ocurre», añade el profesional. Aunque, eso sí, la posición de Morfeo no depende del humano en estado consciente: «Cuando uno duerme no se da cuenta y cambia de postura según sus necesidades», precisa el doctor. 

¿Los tratamientos habituales funcionan?

La respuesta es que depende. Las tiras nasales a las que todos estamos acostumbrados a ver en televisión pueden ayudar, aunque no son la solución definitiva. «Si la persona tiene obstrucción nasal, mejoran la ventilación nasal. Se trata de una posibilidad para el momento, pero no es definitiva», indica el experto. Aunque lo más probable es que «debería acudir a un otorrino para que valore su caso», indica. 

«Los niños no deberían roncar, solo cuando están resfriados»

El ronquido entre los más pequeños es un trastorno que no debe ocurrir. «Los niños deberían tener una respiración totalmente libre, con la excepción de que ronquen cuando están resfriados». El ronquido habitual será signo de un problema mayor: «Significa que puede tener una obstrucción de la vía aérea superior a nivel de las vegetaciones, o de las amígdalas, o incluso, que tenga una lengua muy grande común en ciertas patologías», precisa el doctor Peter Baptista. ¿Cuando acudir a la consulta del pediatra? Una vez el menor haya pasado la infección de las vías respiratorias y los ronquidos continúen. Ojo, porque el experto en sueño indica: «No es lo mismo que una fuerte respiración». 

Las causas más frecuentes de ronquidos en niños son las siguientes: 

  • Vegetaciones (adenoides) o amígdalas más grandes de los habitual. 
  • Infecciones de las vías respiratorias. 
  • Rinitis alérgicas. 
  • Fumadores pasivos
  • Reflujo gastroesofágico.

Ronque quien ronque lo primero es comprobar la nariz. «Existe una mayor predisposición a roncar entre aquellos pacientes que respiren por la boca. Se les cae la lengua hacia atrás y por lo tanto, emiten esta sonido», concluye el profesional. En este caso tendría solución. 

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